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La diabetes es una de las enfermedades más comunes (casi 500 millones de personas la padecen en todo el mundo). Sin embargo, al mismo tiempo, es una de las más rodeadas de ideas erróneas. Por este motivo, desde Investigaciones Médicas buscamos desterrar los mitos para lograr un mejor manejo y prevención de esta condición.

Uno de los mitos más frecuentes es que “solo las personas con sobrepeso pueden desarrollar diabetes”. La realidad es que, aunque el exceso de peso aumenta el riesgo, la enfermedad también puede aparecer en personas con peso normal. En su desarrollo, de hecho, influyen factores genéticos, hormonales y hasta ambientales.

Otro mito común es que “las personas con diabetes no pueden comer azúcar nunca”. En realidad, lo importante es controlar la cantidad y el tipo de carbohidratos, y distribuirlos de manera equilibrada a lo largo del día. La clave está en una alimentación planificada, no en la eliminación absoluta de ciertos alimentos.

También circula la creencia de que “la insulina causa diabetes”. Esto es falso: la insulina no provoca la enfermedad. Por el contrario, se utiliza como tratamiento para controlar la glucosa en sangre cuando el organismo no produce suficiente cantidad o no la utiliza de manera adecuada.

Por otro lado existe el peligroso mito de que “los síntomas siempre son evidentes”. Muchas personas pueden tener diabetes tipo 2 durante años sin darse cuenta, ya que la enfermedad puede desarrollarse de manera silenciosa. Por eso, los controles médicos periódicos son fundamentales para un diagnóstico temprano y evitar complicaciones.

Por último, se escucha a veces que “solo los adultos mayores desarrollan diabetes”. La realidad es que, aunque es más frecuente en adultos, cada vez hay más diagnósticos en jóvenes y adolescentes, especialmente relacionados con hábitos de vida poco saludables, obesidad y sedentarismo.

Romper con estos mitos ayudará a entender mejor la diabetes, tomar decisiones respaldadas por la ciencia y adoptar hábitos saludables que prevengan complicaciones. Es importante recordar que la educación y la concientización son herramientas poderosas para vivir mejor con la enfermedad o reducir el riesgo de desarrollarla.