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La ansiedad es una emoción que todas las personas experimentan alguna vez frente a un desafío, un peligro o una situación incierta. En niveles moderados, prepara al cuerpo y la mente para responder mejor ante situaciones difíciles. El problema aparece cuando esa respuesta se vuelve excesiva, persistente y comienza a interferir en la vida cotidiana. En esos casos, se habla de un trastorno de ansiedad, uno de los problemas de salud mental más frecuentes en Argentina y en el mundo, con impacto directo en el bienestar físico, emocional y social. 

Desde la psicología y la medicina, la ansiedad se define como una respuesta emocional y física ante una amenaza anticipada o incierta. A diferencia del miedo, que aparece frente a un peligro real y concreto, la ansiedad se activa incluso cuando la amenaza aún no está presente. En su forma leve, se suele manifestar a través de palpitaciones, sudoración, tensión muscular, dificultad para respirar o dolor de cabeza, y tiende a desaparecer cuando la situación estresante se resuelve. 

Pero en el contexto actual, marcado por la incertidumbre económica, las exigencias laborales y los cambios sociales, muchas personas mantienen niveles elevados de ansiedad durante períodos de tiempo prolongados. Al dejar de ser transitoria, la ansiedad comienza a afectar el desempeño diario, las relaciones o el descanso. Es allí cuando los especialistas hablan de ansiedad patológica.

Esta versión de la ansiedad puede presentarse con síntomas físicos como mareos, náuseas, opresión en el pecho o sensación de falta de aire, y con manifestaciones cognitivas como pensamientos catastróficos, hipervigilancia o sensación constante de peligro. Entre los trastornos más frecuentes se encuentran el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno de pánico. 

En nuestro país se estima que alrededor del 5% de la población padece algún trastorno de ansiedad (especialmente las mujeres). Por eso es importante estar atento a los cambios sostenidos en el estado de ánimo y solicitar ayuda profesional antes de que los síntomas se vuelvan difíciles de manejar. 

El tratamiento puede incluir psicoterapia y, en algunos casos, medicación. Pero los expertos advierten que cuidar la salud mental no solo implica atender los síntomas, sino también reducir las situaciones que generan estrés y fortalecer las redes de apoyo de los pacientes para que puedan aprender a convivir de manera saludable con la ansiedad.