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La Organización de las Naciones Unidas, Unicef Argentina y el Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes han advertido que la convivencia forzada a la que la población se ha visto expuesta por el confinamiento requerido para prevenir la pandemia de COVID-19, se ha transformado en una amenaza real para las vidas y el bienestar de mujeres y menores de edad.

El encierro puede provocar tensiones extraordinarias debido al estrés ocasionado por la destrucción de las rutinas familiares e individuales, la pérdida de empleo de alguno de los padres y el estudio en el hogar de los niños, que enrarecen el ambiente hogareño. Esta carga negativa, suele recaer sobre los eslabones más débiles de la cadena, los niños y las mujeres que conviven con hombres violentos. 

Los expertos alertan que el modus operandi de los violentos y los femicidas es aislar a sus víctimas, alejándolas de familiares, amigos y otros factores de protección como la escuela o el trabajo. El aislamiento obligatorio provoca una indefensión extrema que ha llevado a que los pedidos de ayuda a la línea 137, destinada a casos de violencia familiar, hayan disminuido durante el confinamiento. Algo que no se explica porque los hechos violentos hayan bajado, sino porque las víctimas conviven las 24 horas con su agresor. 

Unicef advierte que en situaciones de emergencia las agresiones contra mujeres y niños aumentan notablemente. Se estima que, en la actualidad, hasta 7 de cada 10 niños argentinos podrían estar padeciendo algún tipo de violencia. Esto es especialmente grave en familias donde la violencia es moneda corriente pero la situación extraordinaria que plantea el confinamiento obligatorio podría generar reacciones violentas incluso en familias donde nunca las hubo. 

Los especialistas explican que los niños y las niñas no pueden expresar igual que los adultos sus preocupaciones, por lo que recurren a pataletas, llantos y gritos. Los adultos tienden a responder a esos cambios de comportamiento con “microviolencias” tales como zamarreos, gritos o golpes suaves. Con los adolescentes sucede algo similar, pero por una cuestión física, los adultos ya no responden con golpes, sino con insultos. 

Para prevenir estas situaciones, Unicef recomienda incentivar en los niños actividades como el dibujo o el teatro para que puedan expresarse y digerir la realidad. También sugiere que los padres flexibilicen las restricciones en el hogar, con límites menos rigurosos para el uso de pantallas, el orden o la limpieza.

En los casos más extremos, es determinante el control social. Los especialistas advierten que no debemos callarnos cuando los vecinos gritan o se escuchan golpes. Cualquier persona que sea víctima o tenga conocimiento de una situación de violencia familiar o sexual puede comunicarse las 24 horas, los 365 días del año, desde todo el país y de manera gratuita y anónima a la línea 137 o enviar un mensaje de WhatsApp al 11-3133-1000.