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Algunas enfermedades suelen ser más frecuentes dependiendo de la estación del año en la que nos encontremos. El otoño no es la excepción, por eso es importante conocer cuáles son las afecciones más comunes de esta época para prevenirlas y tratarlas mejor cuando aparezcan.

Resfrío: durante esta estación podemos experimentar varios cambios de temperatura a lo largo del día que favorecen la aparición de los resfríos. A esto se suma que al comenzar a cerrar las ventanas por el clima más frío, el aire circula menos, lo que hace más fáciles los contagios. Se recomienda evitar las corrientes de aire dentro del hogar y salir siempre con un abrigo a mano para no pasar fríos inesperados. 

Gripe: al igual que con los resfriados, el frío del otoño puede provocar una disminución de la capacidad defensiva de las mucosas de las vías aéreas superiores. El origen de la gripe es el “Influenza”, principalmente del tipo H1N1. Pero a diferencia del resfrío, la gripe es mucho más intensa y debilitante, pudiendo generar fiebre alta durante 3 ó más días. Otra diferencia es que la gripe aparece súbitamente y sus síntomas pueden durar una o dos semanas. Para prevenirla es importante que las personas que pertenecen a la población de riesgo (adultos mayores y aquellas con enfermedades crónicas) se vacunen. 

Alergias: si bien esta suele ser una enfermedad que también se presenta durante la primavera (por la polinización de ciertas plantas), hay otras alergias, como a los ácaros, la humedad o el moho, que afectan a mucha gente durante el otoño debido a que el frío hace que se ventilen menos los ambientes. Para evitar su propagación se recomienda evitar el uso de alfombras y otros elementos que acumulen polvo. Además, se puede optar por fundas antiácaros para los colchones y deshumidificadores para mantener el aire libre de humedad. 

Asma bronquial: el aumento de la humedad relativa y la disminución de la temperatura pueden hacer que las personas asmáticas tengan crisis más frecuentes durante el otoño. También es importante mantener limpio el hogar, evitando sobrecargarlo de adornos o elementos que compliquen la limpieza (alfombras, peluches, mantas, etc.) y airear bien las habitaciones para evitar la acumulación de ácaros y humedad que afectan especialmente a las personas con asma.