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Durante el invierno, la combinación del frío y la sequedad que provoca la calefacción pueden agravar seriamente los síntomas de la dermatitis. En el contexto que vivimos actualmente por la pandemia de covid-19, se deben considerar además el uso de barbijos y el lavado constante de manos, así como el estrés, que pueden acentuar los brotes de la enfermedad. 

La dermatitis atópica es una enfermedad genética que provoca un mal funcionamiento de la barrera protectora de la piel. Esto no solo provoca una gran deshidratación sino que activa el sistema inmunitario generando brotes de inflamación que conllevan síntomas como picazón intensa, resequedad, irritación y la tendencia a la aparición de eczemas.

En el invierno, esto se agrava debido a que las bajas temperaturas reducen la producción de grasa protectora de la piel, acentuando la deshidratación y volviéndola más vulnerable a los brotes. 

Para prevenir estas reacciones es recomendable: 

  • Evitar abrigarse demasiado: ya que esto puede favorecer el sudor, que empeora los síntomas. Sin embargo, es importante encontrar un equilibrio ya que el frío tampoco es beneficioso para las personas con esta enfermedad.
  • Ventilar espacios cerrados: se aconseja ventilar los ambientes para eliminar alergenos y polvo.
  • Refrescar la piel: cuando la picazón se vuelve muy intensa se recomienda vaporizar la piel con un spray de agua. Esto brindará un alivio inmediato ya que permite reducir el prurito e hidratar la piel. 
  • Evitar las duchas muy calientes: aunque en invierno pueden parecer reconfortantes, no son recomendables para personas con dermatitis, ya que contribuyen a deshidratar la piel. Conviene realizar baños con agua tibia y por no más de 5 minutos.