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Los tratamientos para el cáncer de mama pueden incluir desde cirugías hasta quimioterapia, radioterapia o terapias hormonales. Seguir una dieta específica puede ayudar a las pacientes a sobrellevar mejor la enfermedad, haciendo que se sientan más fuertes durante y después del tratamiento oncológico, atenuando los posibles efectos secundarios y mejorando la tolerancia a los fármacos.

Aunque siempre se recomienda que las pacientes tengan un asesoramiento nutricional personalizado y supervisado por un especialista durante las diferentes etapas de su tratamiento, existen ciertas pautas alimenticias que pueden aplicarse a la mayoría de los casos:

   Incrementar el consumo de vegetales de hoja verde.

   Aumentar el consumo de grasas de buena calidad (aceite de oliva, frutos secos, paltas y pescados azules).

   Evitar los carbohidratos refinados (galletitas industriales, productos de panadería, etc.).

   Incorporar a la dieta carbohidratos complejos (arroz integral y otros cereales integrales, legumbres, hortalizas, pan de cereales integrales, copos de avena, etc.).

   Evitar los suplementos alimenticios. En especial se desaconsejan los que incluyen isoflavonas o complementos de soja, maca o ñame.

   Disminuir el consumo de sal e incorporar alimentos ricos en potasio (apio, pistachos, palta) para reducir la retención de líquidos.

   Evitar el consumo de alimentos crudos, no pasteurizados, fermentados o germinados.

Además, la quimioterapia puede producir algunos problemas digestivos como falta de apetito, estreñimiento o diarrea. Para aliviar estos síntomas se recomienda: 

   Falta de apetito: incrementar el valor nutricional de los platos con grasas saludables como semillas, frutos secos, aceite de oliva o palta.

   Estreñimiento: aumentar el consumo de líquidos, como infusiones, caldos, jugos y agua. Además, se puede recurrir a una cucharada de postre de aceite de oliva en ayunas.

   Diarrea: reducir los alimentos altos en grasa y optar por comidas cocinadas al vapor.

Seguir estos consejos no sólo ayudará a las pacientes a contrarrestar los efectos del tratamiento contra el cáncer de mama, sino que - al tomar parte activa en su tratamiento- puede ayudarlas a mejorar su estado de ánimo. Por otro lado, favorece que mantengan un peso saludable, previene la obesidad y la acumulación de grasa abdominal, dos factores de riesgo de la enfermedad.